En 1994 se publica la obra “Hacia la oralidad en la administración de justicia en el Ecuador”, escrita por nuestro Fundador Dr. Washington Baca Bartilotti (Editorial Universitaria, Universidad Central del Ecuador).
En esta obra (producto de su experiencia e investigación como abogado, político y catedrático universitario, testigo de las disputas que se escenificaron sobre la administración de justicia durante un período convulso, de dictaduras y regreso a la democracia en el Ecuador), se desnuda lo que fue el procedimiento escrito, lento, anacrónico, plagado de vericuetos indescifrables y formalista que regía en el país, a ese entonces.
Esta obra fue una temprana y preclara visión sobre un nuevo orden para la administración de justicia, la simplificación y oralidad de los procedimientos judiciales y la recuperación de la confianza social sobre su sistema judicial. Fue, sin duda, una semilla sembrada desde la vocación que muchos profesionales, jueces, abogados y políticos ecuatorianos tenían de un mejor futuro para nuestro país.
En esta entrada del blog queremos compartir con ustedes una pieza magistral de esta obra, en la que a modo de fábula, con una gran dosis de pedagogía y en el lenguaje sencillo del hombre que habla con otro hombre a través de las alegorías de la boca de los dioses y los sabios, dibuja una realidad de un pretérito que anhelamos nunca vuelva a ser presente. Que la disfruten.
“Varios sabios de la jurisprudencia de vuelta de una larga estancia en el Reino del Procedimiento Judicial estaban asustados ante su soberana la Justicia; le comentaban de ese indescifrable Reino.
Estaban Solón, Gethro, Sócrates y Hermes.
La Soberana le preguntó a Gethro qué es ese Reino del que tanto se habla.
– Majestad -le dijo Gethro- el Procedimiento no es sino un embrollado y lento trajinar de aquí para allá, en el que hombres muy descuidados, mueven papeles, escriben en viejas máquinas, entran y salen de cuartos sucios, estrechos, malolientes, sórdidos, en los que no hay siquiera lugar para esperar, que cuando se logra hablar con algún funcionario o empleado, se vuelve sin ninguna respuesta.
La Justicia ordenó que pregone entre los habitantes la infausta experiencia.
– Majestad -le dijo Solón-, en ese Reino tú no eres estimada; allí quise hablar para que te reciban, pero muchos te aborrecen; sin embargo todos hablan a tu nombre invocándote a cada momento. Si vieras lo que allí sucede te negarías a entrar y peor quedarte.
La Justicia desautorizó invocar su nombre en los procesos.
– Majestad -le dijo Sócrates- en ese Reino no sirve de nada ser inocente; basta ser astuto, marrullero; una palabra inexacta que la inexperiencia dicte te puede condenar a perder tu patrimonio; tampoco es necesario saber, basta tener amigos poderosos y mejor si son políticos que están en todos los gobiernos; pobre como soy, no me consta por experiencia propia que en el Reino valga el dinero, pero vi que unos pocos entraban a unos cuartos miserables llevando billetes en sus manos. En una ocasión entraron acompañados de mujeres.
La Justicia condenó las prácticas corruptas.
– Majestad -dijo Hermes- en el Reino del Procedimiento te presentan con una venda sobre los ojos para significar que eres ciega; y como recogen todo por escrito, te han privado de oír.
La Justicia visiblemente enojada ordenó a los sabios vayan por todos los caminos y exijan a los hombres de sano corazón luchar por ella.